Ahogo, miedo, desesperación. Son algunos de los síntomas de la ansiedad. Entonces quieres salir corriendo, pero algo te lo impide, y rompes a llorar, porque aquella bola de nieve insignificante, se ha convertido en un alud que te persigue ladera abajo. Y te alcanza.
Cuando estás debajo de la nieve sientes frío, impotencia, desesperación, y más tarde, rabia.
Pataleas, aporreas y haces todo lo posible por quitarte la nieve de encima. Pero eso a veces no es suficiente, es más, a veces sólo empeora las cosas.
Pero pasado un tiempo, pueden pasar dos cosas, o bien vienen en tu ayuda a quitar la nieve, o esperas a que la nieve se derrita.
Cuando por fin empiezas a notar el sol traspasando la nieve y acariciarte la piel, lo único que sientes es el aire entrando en tus pulmones, paz y alegría, sobre todo si al otro lado hay alguien tendiéndote la mano.
Gracias a todos aquellos que en su día me tendísteis vuestras manos.
Gracias a todos aquellos que confían en la calma tras la tormenta y resisten en la tormenta.
Un saludo.
P.D. Paranoias mías, tampoco me hagais mucho caso...
miércoles, 24 de octubre de 2007
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2 comentarios:
Pero bueno morenita, no hablamos desde hace solo unos dias y ya te vienen paranoias? si es que... no puedes vivir sin mi ehh jajaja ;-)
Espero que estes bien enana, los aludes es como todo si lo paras a tiempo es facil, pero aunque se convierta en un gran alud ya estaremos aqui tus amigos para que salgas de el sana y salva :-)
Un beso y abrazo para mi malagueña favorita.
Gonzalo
Jaja Gonzalo, la paranoia no iba por mí, sino por otra persona...
Pero muchísimas gracias por recordarme que puedo contar contigo siempre que lo necesite. :*
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